Tributo al Dr. Luis Heredia Bonetti.

lhbEn 2008, escribí estas líneas de agradecimiento, las que leí a sus destinatarios, en ocasión de un homenaje organizado por mi querida amiga y ex-compañera de labores, Claudia Cabral Lluberes en su residencia, al Dr. Luis Heredia Bonetti. Fue un reencuentro bellísimo, con un grupo numeroso de pasados abogados asociados, de la firma Russin, Vecchi y Heredia Bonetti.

La actividad se desarrolló de manera casual, fue muy emotiva, como las palabras que expresé ese día y siguen. No se trata de un documento formal. Incluye anécdotas y comentarios jocosos propios de una reunión de remembranzas entre viejos amigos.

No obstante, al observar como toda la comunidad jurídica expresa su duelo, ante la partida, en el día de ayer del Dr. Luis Heredia Bonetti, las comparto, del modo que fueron escritas y leídas a Don Luis y demás socios de RVHB, como testimonio reiterado de mi agradecimiento a ese distinguido caballero.

“Apreciados Don Luis, Georges, Doña Rosa, familia Ramírez Risk, Sres. Russin y Finch:

En ocasión de este reencuentro que Claudia ha tenido la gentileza de ofrecernos a todos sus antiguos compañeros de trabajo, para junto a ella, honrarlos a ustedes, deseo expresar mi genuina gratitud a mis antiguos supervisores de RVHB, en primer orden, por permitirme iniciar un desarrollo profesional por casi una década en RVHB, así como el legado del que permanezco causahabiente, luego de trabajar bajo su tutela.

Como muchos de mis antiguos compañeros de trabajo, llegué a la firma, muy joven, con escasa experiencia y con los elementales conocimientos teóricos de la todavía tradicional enseñanza universitaria del derecho de los años 80.

Tiempo después, luego de salir a perseguir nuevos caminos profesionales, he podido constatar una y otra vez, el valor tanto de la oportunidad como de la instrucción recibida y atesorada, la que clasifico en 4 ejes básicos:

El primero y más notorio rasgo del perfil de los profesionales que están o ha pasado por esa escuela, es la macro-visión en el desempeño de sus tareas profesionales.

Con inolvidable el entusiasmo Don Luis me deleitaba en cualquier momento, en su despacho siempre abierto, para responder a mis preguntas e inquietudes, como la de todos, con sus reflexiones sobre las noticias de actualidad y el impacto de novedades políticas y económicas en el devenir de los negocios de los clientes de la firma, cuyos asuntos teníamos asignados.

El ejercicio, además de harto entretenido, tenía un propósito de gestión humana específico, pues salíamos de allí, con una adecuada recomendación técnica pero además práctica y realista en provecho propio y en consecuencia del servicio a prestar al cliente en cuestión. Ese es Don Luis, una persona que encanta, pero al tiempo motiva a la productividad.

Asimismo, es imposible no recordar su exquisita elocuencia en cada reunión de staff para comentar diversos aspectos relacionados con la producción agrícola, industrial y agroindustrial, así como el suministro de servicios de turismo, telecomunicaciones, financiero, la institucionalidad y los temas del sector justicia, entre otros.

Confieso, que a través de esa facilitación de Don Luis, aprendí más que a leer a comprender acerca de esos temas, quedando con gran apetito para entender mejor ese “derecho vivo” del que nos habla desde esa época. Su expresión se adelantó 20 años al debate actual, en que los sectores procuran que la Constitución y sentido general, toda la normativa sean instrumentos vivos para la sociedad en lugar de un tema calificado para complicadas discusiones entre abogados.

Derecho vivo. A veces lo más evidente, requiere de una mentalidad más ágil y abierta como la que Don Luis siempre ha exhibido como abogado.

Pero lo más atractivo, en ese contexto intelectual, para una joven profesional como era quien habla en ese momento, fue evidenciar la destreza de Don Luis en la formación de tales tendencias de opinión en el debate público nacional y luego internacional a través de la Semana Dominicana en NY y otras ciudades.

Así nos acostumbramos a ver ir y venir en la oficina, periodistas, altos representantes de las asociaciones empresariales y hasta ver nacer a una destacada organización de la sociedad civil como FINJUS. En una tarde en “Coloquios Jurídicos”, sencillamente ocurrió la idea como una verdadera epifanía. Celebro el hecho de que tan temprano en mi carrera haya visto ocurrir algo así en primera fila, pudiendo asumir hoy la importancia del evento.

De ese modo elegante, el Dr. Heredia devino parte de la noticias. No había una semana que transcurriera sin que algún medio procurara su opinión sobre temas diversos. Un digno representante de la generación de cambio que transformó a nuestro país de una tradicional economía basada en el monocultivo a una economía de servicios generadora de divisas, oportunidades de inversión, empleo y desarrollo, en sentido general.

Me confieso una afortunada testigo de excepción de ese momentum, que hoy una cuenta a alumnos y profesionales más jóvenes como parte de la historia institucional reciente de nuestra nación. Como asociada de RVHB, me encontraba sentada en cómodo sillón de palco viendo la obra.

En adición, allí al ladito de Mr. Russin, en el despacho contiguo, a millas de distancia de caída de la Unión Sovietica, me parece haber vivido de cerca la Perestroika. Y en un tiempo en que no existía ni Internet, ni google, ni tanta información, las anécdotas de

Mr. Russin sobre sus negocios en Rusia, eran sencillamente fascinantes. Sobre todo combinado al hecho de la cantidad de otros negocios jurídicos que este tenía en nuestro país. La globalización no fue algo que leí en la prensa, lo vi ocurrir ante mis ojos.

Junto a Don Luis, Georges, Doña Rosa y Don Hugo, hicieron su parte modelarnos un concepto de buen ciudadano corporativo y profesional, en sus esfuerzos respectivos en las áreas jurídicas de su interés no sólo para promover clientela a la firma, sino además en aspectos de genuino interés cívico.

De esa manera disfruto cada vez que veo reproducirse y multiplicarse ese modelo de gestión de entorno o servicio público en las labores que realizan Alejandro, Enrique, Aura Celeste, Connie, Leyda, Pancho, Mary y Marcos, y otros “kaplanianos” motivados a participar el debate público o a prestar servicios directamente en la administración pública y sonrío al darme cuenta que conozco de cerca al maestro que inició todo ese gran “ejército de transformadores”.

Así aprendimos que el éxito profesional no tiene ni debe impedir que el ejercicio de la profesión sirva para algo más que nuestra propia acumulación, sino que puede y debe servir para propósitos más nobles.

El segundo eje y uno que se acerca mucho a mi interés y vocación, es la dinámica que redefinió RVHB en la difusión de la enseñanza jurídica y su educación continuada entre profesionales del derecho, empresarios y servidores públicos.

Antes de que las academias de derecho salieran del ensueño decimonónico en que aún se encontraban y previo a la existencia del ahora variado mundo editorial jurídico, oficial y privado que existe en el país, Luis Heredia salió adelante y junto a los mejores en el país y organizó la serie de “Cursos de Derecho Empresarial”, junto a Miguel Angel y Mirna, los Coloquios Jurídicos de Doña Rosa, el Seminario Laboral del Don Hugo y otros foros y espacios de difusión del conocimiento jurídico.

Los entonces jóvenes que estuvimos ahí, éramos conscientes de que aprovechábamos una oportunidad de oro. Prácticamente nada de lo allí enseñado –y que vendría a definir más de 90% de lo que luego sería el objetivo de nuestro ejercicio profesional- lo habíamos siquiera oído en la universidad.

Luis Julio, Jimmy, José, Claudia, Ana María, Neris, Marcos, Fernando, Luisín, Connie, Kenia, Leyda Margarita, Aura Celeste, Marilyn, Enrique, en fin, todos los de nuestra generación, podemos dar el testimonio que esos encuentros eran el lugar adecuado en el momento adecuado.

Antes de ese renacer, que iba en paralelo con las transformaciones legislativas más importantes de los últimos 20 años, tales como la creación de la Organización Mundial de Comercio, con la Rep. Dominicana, los tratados de libre comercio, las primeras discusiones entre operadoras de telecomunicaciones para competir el mercado, las reformas de las leyes de propiedad industrial, del sector financiero, los debates en procura de abolir las vetustas instituciones legales como el judicatum solvi, la cuota-parte, los requerimientos anticuados para la inversión extranjera, o para la explotación de empresas de zonas francas, todos esos cambios, luego traducidos en nuevas leyes, lo debatimos y lideramos desde RVHB entre dominicanos, con interesantes invitados extranjeros, con nuestros colegas de otras firmas, jueces y funcionarios públicos, antes y durante su ocurrencia.

El tercero e innegociable atributo del aquel que presta servicios profesionales en RVHB, es el comportamiento y compromiso ético.

La ética profesional de la firma, no se limita nada más lo obvio, es decir, no participar de las actividades de corrupción. Eso entre personas con principio, sería muy sencillo acometer. Por lo que además, en RVHB se definieron algunos valores agregados de la ética jurídica, ampliando así dicho concepto.

Un rasgo casi autóctono de la ética administrativa de RVHB, que luego más y más firman han ido adoptando, es el mecanismo de facturación por hora, que antes que el Sr. Russin y Don Luis la implementaran, ninguna otra firma dominicana utilizaba.

Considero ese mecanismo eficiente y transparente de cobro de servicios profesionales, un indicador inequívoco de las mejores prácticas profesionales. Esa forma de competir en el mercado de servicios jurídicos sencillamente transformó el costo de la oferta, anticipándose RVHB a una demanda que iba a preferir la firma, por tan sólo ese elemento de seguridad en su inversión en el servicio.

Eso damas y caballeros es ética profesional. En RVHB ningún cliente es atropellado con una sorpresiva o abusiva factura, que el cliente no haya podido previamente consentir, presupuestar y anticipar.

Otro valor agregado de la ética profesional de RVHB que me interesa destacar el sentimiento de compañerismo que Don Luis, Don Hugo, Georges, Doña Rosa, modelaban respecto de sus colegas en otras oficinas de abogados en Santo Domingo y otras ciudades con negocios jurídicos como Santiago, Puerto Plata, La Vega, Bonao, etc.. Independientemente de que debatiera un aguerrido litigio o se negociara una sensible transacción, todo colega que pisaba nuestra firma, era tratado por nuestros supervisores como amigos, con camaradería, buena fe y profundo respeto.

En RVHB, nunca oí a ninguno de mis supervisores siquiera referirse a un colega de manera inadecuada. Un colega no era ni es un competidor a quien se le destruye con bajezas. El colega era un contrincante ocasional, pero siempre a los ojos de mis jefes de entonces, más bien antiguos amigos universitarios, del colegio, del vecindario, del ejercicio.

Finalmente como elemento esencial de esa ética profesional kaplaniana, destaco como en todos los años que tiene la firma, esta nunca ha sido instrumento de algún partido político, como ha conservado su autonomía y demostrando con ello que para ofrecer al cliente nacional o extranjero unas buenas relaciones de interdependencia con las autoridades de turno, sólo es preciso desarrollar una práctica con la excelencia y altura profesional.

El cuarto y sentido eje del legado que recibí de RVHB, fue la construcción de un sentido de comunidad entre sus miembros.

Cuantas veces Don Luis y la Doña Maureen, el Sr. Russin y Doña Tony, nos abrieron sus hogares y nos deleitaron con atenciones. Con cuanta generosidad Doña Rosa hizo las veces de madre “corporativa” dándome ánimos en momentos duros que le acompañan a cada quien en su vida.

Existe un recuerdo que nunca voy a olvidar y es que cuando regresé de los EE.UU. luego de confirmar el diagnóstico de Parálisis Cerebral Infantil de Hugo Sebastián, mi hijo; Georges apenas me dejó poner la cartera sobre el escritorio y se sentó conmigo por largo rato a conversar conmigo sobre el tema, a darme ánimos y reiterarme su apoyo.

Y lo demostraron, pues pude compartir con la práctica esos primeros años de intervención temprana de terapias al niño con el trabajo, sin que las ausencias y tardanzas fueran observadas.

Pero como comprenderán, en el caso de Don Hugo Ramírez Lamarche, tengo misión especial de por vida, compartida con Hugo José Ramírez Risk, padre de mis hijos, pues debo encargarme de testimoniarle a mis dos hijos, el gran tipo, para usar sus palabras, que era su abuelo.

Don Hugo conmigo no optó por ser un pariente político distante en nuestra vida familiar pero tampoco complaciente en nuestro trabajo compartido en la firma. Más de una vez me llevó a su despacho con aquella frase que empezaba:

-Siéntate y déjate decir una cosa-

Ya sabía me iba a tirar de las orejas por algo malo que hice; pero al mismo tiempo, con su forma graciosa de decir las cosas, me enseñó, además de lo poquito que sé de Derecho Laboral, y otra cosa, esto es, que al cliente se le ha de tratar con sencillez y claridad.

Eso es lo más recuerdo de Don Hugo en la oficina. La forma casi mágica con que conseguía conectar anímicamente con sus clientes. Simplemente tenía gracia para caerles bien, generar confianza, y hacerlos sentir que su dinero en abogados estaba bien invertido. Creo que llegó hasta apradinar al hijito de un cliente. Eso lo dice todo. César Mijares ¿Recuerdan?

(…)

Para terminar este largo escrito ampliatorio, quiero motivar una solicitud al Dr. Heredia. Lamentablemente mucho de lo descrito más arriba, respecto de la ética, las elegantes relaciones de interdependencia, el sentimiento de comunidad e incluso hasta la correcta y no atropellada difusión de las ideas, es algo que se ha desdibujado en tiempos más recientes en nuestra comunidad jurídica.

Pienso que una vida profesional llena de experiencias únicas como la de Don Luis deben pasar al conocimiento de otras personas, que no conocen esas anécdotas, legados y enseñanzas.

Como otras personas en similar posicionamiento, pienso que escribir unas memorias sería en ejercicio, primero reflexivo y valioso desde la comodidad de la sabiduría que da la experiencia y que regalaría a sus linda y larga familia formada por su esposa, hijos y nietos, su más importante obra.

Gracias nuevamente.

Angélica Noboa Pagán”

Diciembre 2008.